Dos operarios compartir el mismo carro, utilizar los mismos útiles y tener el mismo tiempo de limpieza. Y, aun así, el resultado del trabajo de uno de ellos es mejor que el de su compañero La diferencia radica en entender dónde se está limpiando y qué necesita esa dependencia o superficie, en lugar de ir con el piloto automático.

Por eso, la formación del personal es una cuestión de relevancia. Porque deja de ser un simple requisito y se convierte en lo que asegura que el resultado del servicio sea el óptimo. Cuando nos referimos a limpieza profesional, el cómo se trabaja y el criterio que se sigue, tienen la misma importancia que el producto que se utiliza.

En este artículo del blog de Covamur analizamos por qué la formación en limpieza profesional impacta directamente en la seguridad, la estabilidad de los equipos y el nivel de exigencia que perciben clientes y usuarios.

Qué significa realmente formación en limpieza profesional

Formarse en limpieza profesional va mucho más allá de aprender a usar una fregadora o a preparar un producto. Hay que saber interpretar qué superficie tienes delante, qué producto encaja, qué riesgos hay y, por supuesto, qué protocolo seguir según el espacio en el que se está trabajando.

Ese criterio se evidencia según el entorno. ¿Qué significa esto? Debemos entender las necesidades de las diferentes zonas que vamos a limpiar: un despacho, una sala de producción, un comedor escolar o un vestuario con uso intensivo. Dependiendo de la dependencia y actividad, se procederá de una forma o de otra.

La formación sirve para trabajar con conocimiento de causa: entender por qué se deben seguir unos pasos y saber qué pasa si se hace mal. Y cuando se trabaja así, el resultado se mantiene estable.

La formación en limpieza profesional ha de enseñar cómo reaccionar cuando hay una incidencia (obviamente sin improvisar).

Formación y seguridad: un impacto directo en la prevención

La seguridad empieza por el conocimiento.

Un equipo formado sabe cómo manipular productos químicos, cómo señalizar correctamente una zona húmeda, cómo trabajar en altura o cómo intervenir cerca de equipos en funcionamiento. También sabe identificar situaciones de riesgo antes de que se conviertan en accidente.

Para responsables de RRHH y gerencia, esto se traduce en menos incidencias laborales, menor exposición a sanciones y, por ende, el mayor control del entorno. Y es que la formación en limpieza profesional protege tanto al operario, como a la organización.

Además, cuando el personal entiende los protocolos, los aplica con mayor coherencia. Eso tiene una serie de implicaciones directas que van desde el refuerzo de las auditorías hasta la facilidad de acceso en las inspecciones.

Protocolos claros y equipos estables: el verdadero diferencial 

La formación, por sí sola, no se sostiene si no hay un sistema detrás. Necesita protocolos claros y equipos que se mantengan el tiempo suficiente para coger ritmo y hacerlo bien.

La rotación constante es la que deteriora el sistema si el nuevo personal no es formado y supervisado de forma continua. Básicamente, si no se siguen estos pasos, se incrementa el margen de error y se pierde continuidad. Por el contrario, un equipo formado y supervisado que conoce el puesto de trabajo es el que va a detectar puntos sensibles y percatarse rápidamente cuando se produce una desviación.

Bajo esta premisa, es fácil entender lo que se ha de implementar en RRHH: la inversión en formación con el fin de retener y asegurar un buen servicio. Y es que, cuando alguien recibe formación, siente que cuenta y que tiene herramientas para hacer mejor su trabajo.

CITA: “Desde gerencia, el efecto de la formación en limpieza profesional es muy práctico: menos improvisación y más consistencia”.

El papel estratégico de la formación en la organización (h2)

Para una empresa, la limpieza forma parte de su imagen, pero también de otros aspectos como la cultura preventiva o la responsabilidad interna.

Tratar la formación como inversión y no como gasto permite elevar el nivel del servicio sin depender de supervisiones constantes. ¿La consecuencia? El equipo gana autonomía y la dirección dispone de un mayor control operativo.

Cuando el personal está preparado, la limpieza deja de ser una tarea mecánica y se convierte en un trabajo técnico que aporta valor real a la organización.

En Covamur, entendemos la formación limpieza profesional como un proceso continuo. Actualizamos protocolos, reforzamos conocimientos y adaptamos contenidos a cada entorno

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